Americo 03

Socialium revista científica de Ciencias Sociales, Vol 4 - No. 1, enero - junio 2020, pág. 34-49.

 DOI  https://doi.org/10.31876/sl.v4i1.48



Desarrollo y ciudadanía: la resiliencia de las comunidades rurales en Pasco y Huánuco pos conflicto armado en el Perú

 

Development and citizenship: the resilience of rural communities in Pasco and Huánuco pos armed conflict in Peru

 

 

 

Américo Meza Salcedo[1]

Eva Huamán Tovar[2]

 

 

RECIBIDO:          OCTUBRE 10 2019

ACEPTADO:   NOVIEMBRE 11 2019

 

 

Resumen

Objetivo: analizar el modo en que las comunidades rurales de Pasco y Huánuco fortalecen el vínculo familiar y la organización comunal post conflicto armado. Metodología: la investigación fue de carácter cualitativo y el diseño de investigación etnográfico y hermenéutico. El trabajo de campo se desarrolló con la observación participativa y la entrevista estructurada. La unidad de análisis la conformaron dirigentes y líderes comunales que viven en ambas zonas, víctimas del conflicto armado interno. Resultados: con base en los datos recogidos en campo, se puede inferir que las víctimas lograron sobreponerse al trauma del pasado vivido. A pesar de que un grupo de ellas no ha encontrado aún los cuerpos de sus parientes, desaparecidos tras las ejecuciones extrajudiciales por miembros del Ejército, esperan que esta realidad se consuma pronto, de manera que puedan cerrar el círculo de la violencia y darles cristiana sepultura a sus muertos. Conclusión: las víctimas emplearon estrategias a nivel personal, familiar y social para hacerle frente al dolor generado por el conflicto armado interno, migrar hacia otro lugar y retomar su proyecto de vida; en particular, para que sus hijos continúen con sus estudios y miren el futuro con optimismo.

Palabras clave: resiliencia, comunidades campesinas, víctimas, conflicto armado interno.


Abstract

Objective: to analyze the way in which the rural communities of Pasco and Huánuco strengthen the family bond and the community organization post armed conflict. Methodology: the research was qualitative and the design of ethnographic and hermeneutical research. The fieldwork was developed with participatory observation and structured interview. The unit of analysis was formed by community leaders and leaders living in both areas, victims of the internal armed conflict. Results: based on the data collected in the field, it can be inferred that the victims managed to overcome the trauma of the past lived. Although a group of them have not yet found the bodies of their relatives, disappeared after extrajudicial executions by members of the Army, they hope that this reality will be consummated soon, so that they can close the circle of violence and give them a Christian burial To their dead. Conclusion: the victims employed personal, family and social strategies to cope with the pain generated by the internal armed conflict, migrate to another place and resume their life project; in particular, for their children to continue their studies and look to the future with optimism.

Keywords: resilience, rural communities, victims, internal armed conflict.

 

Introducción

El conflicto armado interno, una serie de sucesos violentos que fracturó las organizaciones campesinas y el vínculo entre comuneros, y que costó la vida de casi setenta mil peruanos según los informes de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR, 2003), entre ellos campesinos quechuahablantes, comunidades nativas, dirigentes sindicalistas, periodistas, mujeres y niños, es un episodio difícil de procesar, sobre todo, para los familiares de las víctimas, y no tanto para el Estado, o la clase política en el país.

En el Perú, la guerra interna tuvo como consecuencia desapariciones forzadas, torturas y ejecuciones extrajudiciales, hechos que fueron perpetrados por miembros de las fuerzas del orden y de Sendero Luminoso. Estos actos son tipificados por el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional como crímenes de lesa humanidad y se cometen como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil.

En la narrativa pos conflicto armado en el Perú, familiares, parientes, historiadores, artistas han intentado contar esta historia desde su propia experiencia de vida o a partir de la observación o la investigación de una realidad que no les ha sido ajena, debido a su complejidad e implicancias. Su interés ha sido procesar estos hechos, emprender un nuevo giro a su vida y sumarse a las acciones colectivas de sus comunidades. En términos personales, la mayoría de los afectados migraron hacia distintos lugares: Huánuco, Pasco y Huancayo. Este nuevo rumbo les ha permitido, en el caso de los hijos, retomar sus estudios y proyectarse profesional y laboralmente; en el caso de los padres, estabilizarse en un campo laboral y planificar su permanencia adquiriendo una propiedad y la construcción de una vivienda.

En término sociales, los familiares de las víctimas decidieron fortalecer la organización pro derechos humanos, teniendo como propósitos, primero, exigir al Estado peruano la búsqueda de sus parientes desaparecidos durante la guerra interna y el esclarecimiento de los hechos que propiciaron el atentado contra sus vidas; segundo, institucionalizar acciones conmemorativas para resarcir la identidad de las víctimas, definiendo como lugar de la memoria el punto de encuentro entre Huánuco y Pasco: la comunidad campesina de la Aurora, perteneciente al distrito de Ticlacayán. Según Jelin (2002), estas acciones no “constituyen un producto de disputas y negociaciones de sentidos del pasado” (p. 22), pero con el tiempo son formas de recordar y olvidar la historia del conflicto armado interno.

En el proceso de estudio bibliográfico, revisamos diversas investigaciones, cuyos datos han contribuido de forma significativa a este trabajo. Uno de estos estudios es el de Acosta (2018), titulado La resiliencia, una mirada hacia las víctimas del conflicto armado, el cual concluye que los vínculos en el entorno familiar y social son importantes para generar resiliencia; asimismo, son fundamentales los procesos de recuperación pública de la memoria y los hechos históricos del pasado para hacer evidente el dolor, el duelo y resignificar el pasado.

La investigación de Castillo y Palma (2016) Resiliencia en mujeres viudas por el conflicto armado vinculadas a Funvida en Tumaco concluyó que el proceso de resiliencia es fruto de innumerables vínculos y apoyos familiares, sociales y comunitarios, generados por la necesidad que tienen las víctimas de recuperar sus vidas con el soporte de su entorno social. Este proceso les permite asimilar los hechos entendiendo que deben seguir con sus proyectos sin mantener odio ni rencor hacia los responsables, tampoco resentimientos. Así, estos patrones de conducta –individuales y colectivos– posibilitan una verdadera cultura de paz.

Otro de los estudios revisados es el de Calderón (2009): Resiliencia frente a la violencia política en instituciones educativas de dos ciudades andinas, que encontró cuatro aspectos resilientes en los entrevistados para afrontar la violencia: el diálogo como impulso para el cambio, el apoyo social como vínculos de la resiliencia (redes de apoyo), la confrontación como intención de cambio (autoestima y manejo de emociones) y la importancia de la planificación y las metas (autoestima).

Este estudio aporta a las investigaciones sobre la memoria colectiva, incidiendo en que las personas apelan a su capacidad para desarrollarse de forma positiva y hacer algo en la vida a pesar de enormes dificultades. En particular, las víctimas de la comunidad campesina de Ticlacayán, que actualmente residen en Huánuco y Pasco, hicieron frente a los traumas que vivieron durante el conflicto armado y la desaparición de sus parientes. En su afán de continuar con sus proyectos de vida, asimilaron los hechos del pasado y miraron de forma positiva la vida; pero sus logros se encaminaron a partir de la migración.

La investigación responde a las siguientes preguntas:

·      ¿Qué acciones posibilitaron la resiliencia individual y colectiva de familiares víctimas de zonas rurales de Pasco y Huánuco?

·      ¿Qué estrategias emplearon los familiares de las víctimas de las zonas rurales de Pasco y Huánuco para fortalecer su organización comunal pos conflicto armado?

 

Método

Método general: La investigación tuvo como soporte el método científico, a partir del cual se describe y explica someramente los procesos de resiliencia que asumen los familiares de las víctimas de la violencia política de la comunidad campesina de Ticlacayán, Pasco y Huánuco. La comprensión de esta realidad es resultado del trabajo de campo, sobre la base de la selección de información relevante que se enfoca en la aproximación teórica del problema en estudio.

Método particular: Se utilizó el método inductivo, teniendo en cuenta que el enfoque de investigación es cualitativo. Los datos recogidos en campo permitieron alcanzar conclusiones generales partiendo de las preguntas de investigación. El estudio se enfoca en comprender la capacidad de las víctimas de la violencia política para afrontar la desaparición y asesinato de sus parientes y la forma en que miran con optimismo la vida.

Población y muestra

Población: Estuvo conformada por los miembros de la Asociación de Familiares Víctimas del Conflicto Armado de Pasco.

Muestra: La constituyeron dirigentes y líderes influyentes de la Asociación de Familiares Víctimas del Conflicto Armado de Pasco, integrado por víctimas de la comunidad rural de Ticlacayán, que actualmente viven en Pasco y Huánuco. Esta entidad integra a 50 familiares, y los influyentes son los dirigentes y algunos comuneros que han tenido presencia política y organizacional en dicha comunidad. Entre estos actores, son 3 dirigentes y 3 comuneros quienes toman decisiones en representación del gobierno comunal.

 

Diseño de investigación: Es etnográfico y hermenéutico, en tanto se pudo comprender la realidad a partir de las diversas experiencias y las iniciativas que asumieron las víctimas para retomar su vida, luego de haber soportado el asesinato de sus parientes en el conflicto armado interno.

Técnicas utilizadas: el proceso de trabajo de campo se realizó visitando los hogares de los dirigentes, así como asistiendo a sus reuniones (tres en total), llevadas a cabo durante este año, donde planificaron acciones conmemorativas para resarcir la identidad de los desaparecidos y asesinados extrajudicialmente.

Las técnicas cualitativas empleadas fueron la entrevista en profundidad y la observación directa participante. Con la primera propiciamos el diálogo con los dirigentes en reuniones que duraban en promedio 50 minutos. Se realizaron 2 entrevistas diarias durante una semana. La segunda técnica nos ayudó a recoger datos sobre las conclusiones a las que arribaron en sus reuniones pro conmemoración. Se utilizaron como materiales y equipos: grabadora de audio, cámara fotográfica, libreta de campo y hojas con la guía de entrevista y observación.

Consideraciones éticas y validación de los instrumentos de acopio de datos

En el marco de la investigación, el consentimiento informado de los testimoniantes ha implicado una participación voluntaria en el estudio, sin coerción de ningún tipo, con la posibilidad de los entrevistados de retirarse en el momento que lo requiriesen.

 

Resultados

En lo que sigue analizamos, desde el discurso de los actores, familiares de las víctimas del conflicto armado interno, la manera en cómo superaron los traumas de los hechos de violencia vividos en la década de 1980. Los nombres reales de los testimoniantes han sido cambiados por nombres supuestos en razón del principio de confidencialidad. Además, antes del recojo de información, se llegó a un acuerdo con los testimoniantes para que las evidencias de sus narrativas se mantuvieran en una identidad que no mencionara su nombre.

Asimismo, la resiliencia puede ser entendida también teniendo como estrategias la significación del arte, la danza, los lugares de memorialización. Pero dichas estrategias no deben ser procesos aislados de la memoria colectiva, es necesario que sean acompañadas por otras medidas como, por ejemplo, el resarcimiento de las víctimas, el procesamiento de los responsables de atentar contra las víctimas y la mejora de la calidad de vida de los familiares de las víctimas. De este modo, el conjunto de medidas facilitaría los procesos de adaptación y reconstrucción del proyecto de vida.

La resiliencia pos violencia política puede ser construida a través de diversos procesos. Uno de estos está vinculado al apoyo de familiares, organizaciones sociales pro derechos humanos y de la comunidad. Este fue el caso de los actores en el presente estudio; no obstante, el punto de quiebre en ellos fue más bien la migración: iniciar una nueva vida, con nuevos proyectos y establecer nuevos vínculos sociales.

Para Juan:

“No ha sido fácil salir del lugar en que vivimos con mi familia. Lo primero que hicimos es abrir un espacio en el cementerio, velamos la ropa de mi hermano desaparecido, luego enterramos sus cosas. Pero hemos seguido buscando su cuerpo. Por años no se pudo encontrar. Solo supimos que fue asesinado en la base militar de Carmen Chico, Pasco. Migrar ha sido lo mejor, así calmamos un poco nuestra pena. Ahora sabemos que mi hermano está siendo buscado por el Ministerio de Justicia”.

Al igual que Juan, otros familiares salieron huyendo de la comunidad campesina para no encontrar la muerte en manos de los miembros del Ejército o de Sendero Luminoso. Con apoyo de otros familiares, se establecieron en Pasco y Huánuco. En estos lugares, asumieron el giro que había dado sus vidas, y empezaron a planificar nuevas actividades, además de lograr que sus hijos retomaran sus estudios. Aunque no ha sido una experiencia fácil, apremiaba distanciarse del pasado, emplearse o asumir un trabajo para asistir económicamente a sus familias.

Es lo que podemos evidenciar en Augusto:

“Aquí, en Huánuco, tengo tíos y primos que fueron los que ayudaron mucho a tener estabilidad. Con ellos, conversando noches, y largos meses, fue importante. Entenderán que no ha sido fácil olvidar y dejar a mi hermana, que fue secuestrado por el Ejército. Luego apareció su cuerpo en el río Huallaga. Quisimos enterrarlo en el pueblo, pero ellos lo impidieron, dijeron ‘¡cómo una terruca podía tener honores!’. Entonces lo llevamos a Huánuco. Ahora solo nos importa vivir y seguir con nuestras vidas, pero no olvidamos todo lo que hicieron con nosotros, vivimos una amenaza constante”.

En tiempos de la violencia, gran parte de peruanos que vivieron las crueldades del terrorismo no encontraron ninguna protección a sus vidas al recurrir a las comisarías y a los juzgados buscando información acerca del paradero de sus seres queridos.

En concreto, transformar esta situación violenta es una prioridad ineludible para una sociedad que aún continúa en la búsqueda del respeto por la dignidad, la igualdad de oportunidades y la superación de las brechas sociales pos gobierno autoritario y corrupto. En la comunidad de Ticlacayán, no solo se perpetraron desapariciones y asesinatos, sino amenazas constantes a la comunidad. Los familiares, con la constitución de su organización pos violencia política, buscan defender el derecho de sus víctimas a lograr justicia, saber la verdad y las causas de las acciones armadas en contra de sus parientes, así como resarcir la identidad de sus víctimas.

Para Juan:

“Es fácil decir que mi hermano fue senderista. Aquí en la comunidad hubo muchos jóvenes que hicieron militancia en la izquierda, pero no por eso van a sindicarlo como terruco. Mi hermano era un progresista con ideas socialistas, era muy luchador y preocupado por el desarrollo de la comunidad. Al saber de su liderazgo, el Ejército lo secuestra, y cuando fuimos a pedir explicaciones a la base militar, ellos se hicieron a que no sabían. Nunca más supimos de mi hermano, y nos amenazaron que, si seguíamos buscando, igual alguien más de la familia podía desaparecer”.

En este testimonio, se puede observar que los familiares estaban pendientes de sus parientes, es más, exigían explicaciones a las fuerzas del orden por su desaparición; pero en una comunidad controlada por el Ejército y por Sendero Luminoso, era complicado exigir derechos, se vivía en una tiranía y con el temor de que la vida le podía ser cercenada a uno de un momento a otro. A pesar de estas dificultades, los familiares no olvidaron estos sucesos, exigieron justicia, pero el proceso no pudo avanzar por la intransigencia del Estado y el sistema de justicia, que justificaban estos actos por haber ocurrido en el contexto de pacificación del país y eliminación del terrorismo.

A partir de las entrevistas realizadas, se ha encontrado que la capacidad de los familiares de las víctimas de la guerra interna, para superar circunstancias traumáticas luego de haber presenciado el asesinato de sus parientes y, en otros casos, haber sufrido su desaparición, se ha centrado en dos estrategias. Primero, en término personales, decidieron salir de sus lugares de origen y asentarse en ciudades como Pasco, Huancayo y Huánuco, con el propósito de iniciar una vida asociada a nuevos proyectos: emprender una actividad económica para sustentar los ingresos económicos de la familia y que los hijos retomen su educación y se profesionalicen. Esta perspectiva estaba orientada, al mismo tiempo, a adquirir una vivienda, mejorar su calidad de vida y planificar la independencia de los hijos, quienes constituirían sus propias familias.

“Migrar, y nunca antes lo has hecho, es complicado, sobre todo para los hijos. Aquí, en Huánuco, yo y mis hermanos en Huancayo, francamente estamos divididos. A nosotros se nos persigue porque organizamos a la comunidad para protestar por los desaparecidos. Según los miembros del Ejército, se sabe que muchos jóvenes habrían militado en Sendero Luminoso, pero esa información es incompleta; no se puede decir así porque eran universitarios, solo querían el bien de la comunidad. Aquí, en Huánuco, tuvimos que hacernos un espacio, trabajar, y mis hijos, estudiar. Por varios años estuve impedido de llegar a mi comunidad. Ahora sí viajo con frecuencia para encontrarme con mis hermanos y tíos. Hemos aprendido a superar el pasado, de castigos y torturas ya no se puede vivir, ahora es disfrutar de los logros que tienen los hijos”. (Alberto)

Al igual que Alberto, otros familiares de las víctimas migran porque consideran que seguir viviendo en la comunidad no les ayuda a superar el duelo, luego de haber presenciado acciones militares en contra de sus parientes. En efecto, un sector importante de estudiantes universitarios (hijos de comuneros) organizaba a la comunidad campesina de Ticlacayán y a otros anexos para defender sus derechos frente a los abusos que cometían miembros del Ejército con los comuneros. Por ese entonces, el Ejército es blanco de actos terroristas en un distrito cercano a Ticlacayán, suceso tildado como una operación senderista, cuyos artífices, se supuso, estarían afincados en esta comunidad.

En consecuencia, los estudiantes y algunos líderes de la comunidad fueron detenidos y trasladados a la base militar de Carmen Chico, Pasco. En este lugar, fueron interrogados bajo tortura y sometidos con total hermetismo, negando incluso la intervención de organismos pro derechos y de un profesional en derechos humanos. Luego de algunos días, solo tres de los doce detenidos fueron liberados con signos de haber sido torturados; el resto, seguía intervenido. De estos últimos, dos fueron procesados y enviados al penal de Pasco y Huamancaca, en Huancayo. Los restantes (cinco detenidos) continuaron intervenidos, y luego, fueron desaparecidos.

“Nosotros buscamos a mi hermano, pero no nos decían el lugar en que lo mantenían cautivo. Luego, nos informan que iba a ser procesado por terrorismo, y lo trasladan al penal de Huancayo. Conversando con él, supimos que le habrían sembrado pruebas. Le dijimos que ponga de su parte, y el tiempo va a pasar. Apelamos, pero el resultado no fue favorable. Luego de algunos años, salió libre al cumplir su sentencia. Él decidió irse de la comunidad, pero sus recuerdos son intactos, es una memoria viva del pasado. Sin embargo, cerrar el capítulo de la guerra (interna) aún es imposible, porque quedan procesos judiciales pendientes, mis paisanos tienen que alcanzar la justicia; así nomás, los tíos, los primos se sienten incompletos”. (Marcelo)

Los familiares, apoyados por agentes pro derechos humanos y con el permiso de instancias judiciales, acudieron a la base militar a solicitar información sobre los detenidos, pero les dijeron: “fueron liberados en su momento, y no hay otra información que proporcionar”; “seguro han pasado a la clandestinidad, porque se sabe que son senderistas”. Estos datos no concuerdan con la versión de otros detenidos, luego liberados, quienes aseveran que “los cautivos no fueron liberados, sino que murieron en el proceso de interrogación; los acusaban de terroristas”. Con esta versión, los familiares buscaron a sus parientes por varios años, pero la respuesta del Estado siempre fue negar estos hechos, postura que no ayudó ni ha contribuido a que los afectados superen progresivamente el duelo por la pérdida de sus parientes.

“Cerrar el capítulo de aquella época no ha sido fácil. Si bien no estamos convencidos de que mi hermano fue militante de Sendero Luminoso, tampoco quisimos entender las acciones que siempre le gustaba: organizar a la comunidad, participar en acciones políticas con comuneros de la comunidad. Eso le gustaba desde niño, siempre ha sido un líder desde la escuela. Su liderazgo, ha marcado un precedente en la comunidad, todos quieren ser líderes, porque su ejemplo de hombre luchador por la justicia, por el desarrollo de la comunidad es una memoria que aún vive. Lo único que pedimos ahora, para cerrar este capítulo de la historia, es que aparezca el cuerpo de mi hermano; de esa manera, concluir la narrativa de su historia, de un líder único que ha marcado la lucha campesina por la reforma agraria, eso nadie le quita”. (Florinda)

Segundo, este grupo no se distancia definitivamente de su lugar de origen, sino que mantiene el vínculo con él. En efecto, para fortalecer la cohesión social con sus paisanos y familiares, deciden constituir una organización pro derechos humanos, cuya agenda persigue: i) exigir al Estado el esclarecimiento de los hechos del pasado, cuando sus parientes fueron asesinados y desaparecidos por miembros del Ejército y ii) institucionalizar acciones conmemorativas para resarcir la identidad de las víctimas, teniendo como lugar de la memoria el punto de encuentro entre Huánuco y Pasco, la comunidad campesina de la Aurora, perteneciente al distrito de Ticlacayán.

“Un capital importante para nosotros ha sido organizarnos entre los familiares cuyos hijos, parientes fueron asesinados y desaparecidos. Con esta organización, nos asesoramos para exigir justicia, y que nuestros parientes tengan la paz y la tranquilidad. En algunos casos, se han procesado a los responsables; en otros, está pendiente. Además, hacemos eventos como misa y romería al cementerio conmemorando la desaparición a nuestros parientes. Una fecha propicia es la fiesta patronal del distrito en 29 de junio. Otros eventos que está por venir es hacer un museo de la memoria; sí se va a concretar”. (David)

Para ellos, estas estrategias han sido importantes porque les han permitido sobreponerse a la pérdida de sus parientes y reconstruir sus proyectos de vida. En su permanencia en nuevos espacios, a los que migraron, pudieron ofrecerles una mejor calidad de vida a sus hijos, plantearse que estos estudiaran una profesión, pensar en el desarrollo personal y mantener el vínculo con su lugar de origen para devolverles el nombre a sus parientes a través de eventos conmemorativos articulados a las festividades patronales del pueblo.

“Cuando uno migra, lo hace para bien y darles una mejor vida a los hijos. Pero nadie se duerme y se levanta con buenos ánimos, luego de haber sido víctima de tortura, amenazas, persecución, además presenciar la muerte de tu padre. A mi padre lo asesinaron los senderistas, lo acusaban de haberse apropiado de bienes de la comunidad, y por eso hizo dinero. Toda familia forja su capital con esfuerzo y lucha diaria, a nosotros nadie nos regaló nada. Pero ese día que mi padre fue detenido por los terroristas, lo llevaron a la plaza para asesinarlo, en mi delante lo mataron, y a mí me dispararon, pero felizmente, por la ayuda de Dios, solo me hirieron; al poco rato que se fueron, me levanté y me escapé del pueblo. No regresé hasta después de muchos años. No pude superar con facilidad en los años, pero tuve el apoyo en mi familia. Otros comuneros me pidieron disculpas por estos hechos. Pero mi padre me hace falta, esa falta la alivio con el cariño de la gente de mi pueblo. Eso hubiera querido mi padre”. (Raúl)

Las estrategias sustentadas en la narrativa de los testimoniantes, así como la agenda por la memoria que busca resarcir la dignidad de los desaparecidos, torturados y asesinados extrajudicialmente, ayudan a los familiares a afrontar situaciones difíciles que vivieron en la época de guerra interna en la comunidad campesina de Ticlacayán.

Efectivamente, a nivel familiar, contar con el apoyo de la familia extensa es determinante en este tipo de procesos, sumado a la participación en acciones sociales y políticas, como la organización pro derechos humanos y la red de apoyo entre los paisanos del pueblo y los que radican fuera de la comunidad. Este colectivo permite a los familiares de las víctimas generar resiliencia; en este proceso, resulta imprescindible el apoyo estatal para subsanar y esclarecer los hechos del pasado, con la finalidad de tender puentes hacia la reconciliación.

El Estado prolonga el debate público de la memoria; asimismo, desde ámbitos oficiales como la escuela, los medios de comunicación, textos impresos, se podría ayudar a construir un camino posible hacia la reconciliación. De esta manera, se difundiría la verdad e impulsaría la participación de las personas que no vivieron en el contexto de violencia, y a través de la escucha y la lectura de los acontecimientos de la guerra interna, se lograría resarcir la memoria colectiva, ayudar a las víctimas a procesar los hechos y finalizar, con esto, el proceso de duelo.

 

Discusión

En esta investigación, se considera víctima a aquel que ha sufrido un atentado contra sus derechos, le ha sido vulnerada su dignidad al momento de ser detenido con medidas opresivas y arbitrarias. También se considera víctima al entorno social y familiar que ha tolerado la injusticia, solo porque sentía la amenaza a su integridad y a la de sus parientes cautivos y acusados indebidamente, sin pruebas lícitas. Para superar este proceso, la víctima merece que su dignidad sea resarcida, y ser tratado como ciudadano.

En el afán de esclarecer los hechos ocurridos durante la guerra interna, la víctima y sus familiares reclaman un debido proceso que determine la responsabilidad de los actores que propiciaron la violación de sus derechos fundamentales; buscan que su verdad, inscrita en sus testimonios, se corroboren y sea el precedente para sancionar a los culpables legalmente. Según Gamio (2002), con este proceso, los familiares de las víctimas, intentan “generar espacios de comunicación en los que la víctima pueda relatar lo que vivió y denunciar a sus agresores” (p. 161), además, que su testimonio no busca proponer un simulacro, como sí lo han venido haciendo los poderes fácticos, planteando otra verdad a la época del conflicto armado interno.

“El daño sufrido (en las víctimas) ha dejado una huella que puede ser percibida, y esa imagen del pasado vivido –presente como huella– puede convertirse en objeto de una narración” (Gamio, 2002, p. 161). De este modo, los relatos manifestados a partir de los recuerdos de las víctimas y sus familiares podrían crear un punto de encuentro con los testimonios contenidos en el informe de la CVR, que corroboren a los principales perpetradores.

Los procesos que han truncado el debate público de la memoria no han desalentado a las víctimas ni a sus familiares de Pasco y Huánuco a seguir con los procesos legales, tampoco a suspender la visibilidad pública de la agenda de la memoria que se desarrolla en la comunidad campesina de Ticlacayán, pero que tiene también trascendencia en las ciudades capitales de las regiones referidas.

La agenda de la memoria busca resarcir la dignidad de los desaparecidos, asesinados y de aquellos que fueron liberados. El soporte de la familia y la concurrencia de los comuneros a estas actividades, así como el apoyo para superar los traumas del pasado, son sustanciales para sobreponerse. La estabilidad emocional y el avance de los proyectos personales y familiares constituyen “un proceso mediado por factores individuales, familiares y comunitarios, los cuales influencian el desarrollo y determinan la forma como se enfrentan las dificultades” (Acosta, 2018, p.19).

Como se pudo observar, los problemas que han vivido los comuneros no son analizados entre los miembros de sus familias, sino que son compartidos con otros parientes y paisanos. Ellos no prescinden de este conflicto, lo asimilan, y contribuyen planteando estrategias que serán significativas a su proyecto de vida.

Así, mejoran laboralmente, sus hijos estudian y se asientan definitivamente en la ciudad a la que migraron. Con el apoyo de parientes y la Asociación pro derecho humanos, logran reafirmarse emocional y socialmente. Esto quiere decir que sus familiares y “las organizaciones de víctimas propenden por el mejoramiento de la calidad de vida de los integrantes y comunidades, de esta forma desempeñan un papel fundamental en el desarrollo comunitario” (Acosta, 2018, p. 25).

Los familiares de las víctimas retornan con frecuencia a la comunidad para coordinar con los comuneros su participación en las actividades conmemorativas en Huánuco o Pasco, o a veces en Huancayo. Su finalidad es siempre resarcir la identidad y el nombre de las víctimas. “Estas actividades se sustentan en mérito al reconocimiento de las víctimas como los principales insignes de la lucha por la recuperación de tierras y el apogeo económico y político de la comunidad campesina de Ticlacayán” (Meza, 2016, p. 23).

 

Conclusiones

En general, en el Perú no han existido procesos concretos de superación de los episodios históricos que han afectado la memoria colectiva, como los evidenciados en la comunidad campesina de Ticlacayán, cuyas víctimas que emigraron a Pasco y Huánuco, y un grupo también a Huancayo, han desarrollado estrategias que les han permitido superar progresivamente los traumas generados por el conflicto armado interno. Sin embargo, su capacidad para continuar con sus vidas y emprender nuevos proyectos a nivel personal y familiar ha sido el hito que ha marcado un antes y un después en la historia de cada uno.

En la ciudad a la que migraron, tuvieron que valerse de lo aprendido en la comunidad y buscar el apoyo de parientes, paisanos e incluso de personas ajenas. Al principio, algunos de estos actores les fueron indiferentes, pero con el transcurrir de las semanas, fueron ellos quienes les brindaron soporte emocional para asimilar las experiencias vividas en el pasado. Ese fue el inicio de un nuevo proceso en sus vidas, que abrió puertas a la realización educativa y económica en la ciudad.

Ahora, asentados en la ciudad, regresan a su pueblo para las actividades que se celebran por el reconocimiento de los derechos y la ciudadanía de sus parientes y paisanos desaparecidos y asesinados extrajudicialmente. Este evento es festivo y está reconocido por la Municipalidad Distrital de Ticlacayán como una acción oficial que se celebra simultáneamente con la festividad patronal del 29 de junio, cada año.

 

Referencias bibliográficas

Acosta, I. J. (2018). La resiliencia, una mirada hacia las víctimas del conflicto armado colombiano (Trabajo de investigación). Universidad Santo Tomás, Bogotá, Colombia. Recuperado de https://repository.usta.edu.co/handle/11634/10323

 Castillo, A. y Palma, E. (2016). Resiliencia en mujeres viudas por el conflicto armado vinculadas a Funvida en Tumaco (Trabajo de grado). Pontificia Universidad Javeriana, Santiago de Cali, Colombia. Recuperado de http://vitela.javerianacali.edu.co/handle/11522/7313

Calderón, D. (2009). Resiliencia frente a la violencia política en instituciones educativas de dos ciudades andinas. Recuperado de https://www.mcgill.ca/trauma-globalhealth/files/trauma-globalhealth/InformeResilienciaAndinas.pdf

Gamio, G. (2009). Tiempo de memoria. Reflexiones sobre derechos humanos y justicia transicional. Lima: CEP, IDFPUCP, IBC.

Meza, A. (2016). Memorias e identidades en conflicto: el sentido del recuerdo y del olvido en las comunidades rurales de Cerro de Pasco a principios del siglo XXI. Huancayo: Edit. Punto Com.

 



[1] Sociólogo, Doctor en Sociología, docente de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional del Centro del Perú, davidmezasalcedo@gmail.com, https://orcid.org/0000-0003-4095-2797

[2] Licenciada en Trabajo Social, Unidad de Protección Especial del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, evahuaman@hotmail.com, https://orcid.org/0000-0002-7585-0179

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